Edita: Alfaguara
Eu diría que este libro non é unha novela, pero si que o é; que non é un poemario, pero si; que non é unha biografía de Ángel González pero si (e nada convencional, por certo, básicamente dos seus nada tranquilos primeiros anos: a Revolución de 1934, a guerra 1936-39, un irmán fusilado polos falanxistas… centrada en determinados episodios da vida do futuro poeta), que non é unha crónica…
Para min, estamos ante unha obra churrigueresca, moi recargada na súa ornamentación pero ramén un edificio de espléndida armazón.
Uns anaquiños:
“La infancia es un tiempo paralizado, sólido, compacto, que suele precipitarse de manera gaseosa hacia el futuro cuando lo recordamos con los años”.
“Enseñar a leer es algo más que conseguir que alguien interprete letras, palabras y frases. El niño había aprendido de su madre y de su hermana ese ligamento especial que une los ojos a las páginas de un libro, y el corazón a los ojos, y las ideas al corazón”.
“Crecer es una tareas difícil, una fatalidad, una obligación de preguntarse no sólo adónde vamos, sino de dónde venimos, y esas preguntas son como piedras que caen en la tranquilidad del lago y llenan el agua de inquietudes. Ángel tardaría muchos años en ordenar sus razones políticas, en forjarse una interpretación de los motivos que habían convertido el sueño pacífico y republicano de su familia e un paisaje de agresiones sociales”.
“Los días pasaban entre aplausos, silencios, sobresaltos, carcajadas sonoras, risas secretas, visitas a la cárcel, sensaciones y fechas imborrables. Pero también había sentimientos tan poderosos que borraban los números del calendario, porque la memoria no asumía una fecha, sino una desolación”.
“El poeta Ángel González, después de haber conseguido llamarse de verdad Ángel González en la Historia de la Literatura Española, e incluso después de haber escrito el poema “Para que yo me llame Ángel González”, una de sus melodías más conocidas, debió utilizar por razones de seguridad política algunos otros nombres, como Carlos Segovia o como J.R.S., una sigla más, perdida en un siglo de siglas. Pero esos nombres pertenecen ya a otro tiempo, a otra época posterior, y estamos todavía en los años 1947, 1948…”
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